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lunes, 2 de junio de 2008

rage against the machine

Esta entrada debería estar dedicada globalmente al Electric Weekend, festival ubicado en Getafe al que he acudido este fin de semana. Y hablar sobre queens of the stone age, iggy pop, offspring, metallica, machine head, lluvia, muchedumbre, precios prohibitivos, alcohol, carpas de música y desfase, etc, etc. Pero no va a ser así. Porque todo palidece en mi recuerdo ante el pedazo concierto que dieron Rage against the machine y con el que por fin saldé una cuenta con mi pasado (que es una frase que queda así como muy impactante). Pelos como escarpias cuando los vi aparecer en fila en el escenario vestidos como los presos de Guantánamo (muy en la línea del grupo, claro), con el mono naranja y la capucha negra y cuando, con el disfraz todavía puesto, empiezan los acordes de Bombtrack. Y después, el delirio. Casi hora y media de continuos botes, frenesí, cánticos y felicidad absoluta. Qué grandes que fueron y qué grandes que siguen siendo. En directo sacan un sonido acojonante, clavando las canciones. Y aunque Morello sea un guitarrista pajero, nadie lo niega, hace unos efectos de caerte de espaldas y en concierto te repite unas movidas extrañísimas que suenan exactamente igual que en disco. El bajo de Timmy C que se te clava en el cerebro, la batería ultraefectiva de Brad Wilk y la voz rabiosa, las arengas, y los saltos de Zack de la Rocha. Todo eso y mucho más son rage against the machine, uno de los grupos que más he escuchado en mi vida y por los que siento devoción. Tengo todos sus discos originales, directos semioficiales, canciones raras en directo... el típico grupo con el que no eres objetivo y que todo lo que hacen te parece como mínimo muy bueno.

Y por fin los pude ver en directo. Tras clavarme la espina de no haber ido al Festimad 96 (tenía 16 años y nadie con quien ir) el viernes 30 de mayo pude sacármela y disfrutar de un concierto apabullante, que me dejó exhausto y con dolores de los que todavía no me he terminado de recuperar pero que recordaré toda la vida con una sensación de felicidad. Y es que no es sólo que se hayan juntado para dar unos conciertos, es que suenan exactamente igual de potentes que todos los vídeos que había visto suyos de hace años. Ya me da igual si sacan disco o no, sinceramente no me hace falta. Con verlos en directo me vale. Y ya me estoy planteando la posibilidad de irme a Lisboa en julio a repetir. Y es que el setlist acojona. Aunque no recuerdo el orden exacto (la emoción, se entiende), creo que no falta ninguna de las que tocaron:

de rage against the machine: bombtrack, killing in the name, bullet in the head, freedom y township rebellion cortadas y unidas; del Evil empire: people of the sun, bulls on parade, vietnow y tire me; del Battle of L.A.: testify, guerrilla radio, calm like a bomb, sleep now in the fire y war within a breath y del Renegades: renegades of funk. Añadido a que pusieron La internacional (también muy en su línea) cuando acabó Bombtrack y mientras se cambiaban para seguir con todo el concierto.

Podría empezar a reflexionar sobre toda la parafernalia política que les rodea, sus declaraciones, sus actos, su credibilidad, etc, etc. Pero no lo voy a hacer. No es el momento (ni el lugar jeje). De regalo, un vídeo:

lunes, 3 de marzo de 2008

The Mars Volta Experience

Apabullante el concierto que The Mars Volta dio en la sala Riviera en Madrid el viernes pasado. No tengo palabras para describir la experiencia que supone ver a estas bestias sobre el escenario. Una banda perfectamente conjuntada, con muchísima técnica y muchísima práctica detrás, de hecho creo que algunos de los despidos a lo largo de la historia de la banda era por "falta de compromiso", y es que las dos cabezas visibles del grupo, el guitarrista Omar Rodríguez López, y el cantante Cedric Bixler Zavala, imponen un ritmo y unos horarios de ensayo bastante draconianos. Claro, luego eso se nota en el delirio que liberan al tocar en vivo. Una banda con ocho componentes: cantante, guitarrista, batería (vaya bestia, por cierto), teclista y efectos de sonido, otro guitarrista, bajista, percusionista, y un último componente que tanto toca el saxofón como el clarinete como las maracas como más percusión. Repito, todos ellos perfectamente cohesionados haciendo un sonido que he descrito más o menos como una mezcla entre un rock progresivo experimental, con influencias latinas a lo Santana de la primera época, toques de free jazz, algún toque hardcore punkarra reminiscencia de su anterior grupo At The Drive-In, pasajes ambientales marcianos, todo ello agitado con sus buenas dosis de drogas alucinógenas y servido bastante acelerado. Y quizá aún esté muy lejos de poder explicar bien qué es el sonido Mars Volta, pues realmente es algo único y que está al alcance de muy pocas bandas.

También es cierto que la densidad de su propuesta puede aburrir fácilmente, y conducir al odio con facilidad. La verdad que a veces su tendencia a meter ruidos, distorsiones y pasajes ambientales en sus discos resulta algo incomprensible, y los hace innecesariamente densos en ocasiones. De hecho, con cuatro discos ya en el mercado, más un ep, no han vuelto a superar el nivel de los dos primeros: De-loused in the comatorium y Frances the mute. Lo que pasa que en directo sí que lo consiguen, y sus últimas composiciones suenan arrolladoras. Además de que hacen conciertos a la vieja usanza, como en los setenta, casi tres horas ininterrumpidas dándolo todo ante una audiencia entregada. Del concierto en sí tampoco puedo decir mucho más, no sabría bien que decir, salvo que si vuelven por aquí, no me los pierdo. Así que cuelgo unos cuantos videos suyos que he encontrado por youtube.

The widow - bellísima canción del Frances the mute




Roulette dares - una muestra de lo que daban en directo hace ya unos años.



This aparatus must be unearthed - delirio en vivo



Drunkship of lanterns - de una actuación antigua, pero una de las mejores canciones del De-loused in the comatorium, y uno de los climax en el pasado concierto



Goliath - del último disco, The bedlam in Goliath, en directo para la mtv, en dos partes





Wax simulacra - también del último disco, en el mismo directo



Y todo esto, ni siquiera la escucha de los discos, puede explicar lo que se siente al verlos en directo. Algo histórico, especial, la sensación de no estar ante un simple concierto de rock sino ante algo más, un acontecimiento proporcionado por una banda única que dejará un recuerdo imborrable.